Encargar una ilustración por primera vez da un poco de vértigo. No sabes qué información hace falta, ni cuánto cuesta, ni si estás preguntando una tontería. Así que aquí va todo lo que ayuda a que tu encargo salga bien, explicado como se lo explicaría a un amigo.

Lo primero no es el dibujo: es para qué es
La pregunta más útil de todas es dónde se va a ver la ilustración. Un dibujo para colgar en un salón, uno para la portada de un libro y uno para estampar en una tote bag son tres trabajos distintos aunque el motivo sea el mismo. Cambia el nivel de detalle, cambia el formato y cambia el color.
Si me dices «un retrato de mi abuela», tengo la mitad de la información. Si me dices «un retrato de mi abuela para regalarle a mi madre por su cumpleaños, para colgar en el pasillo», ya tengo el tono, el tamaño y la temperatura emocional del encargo.

Medidas y formato, aunque sea a bulto
No necesito que me des medidas exactas ni que sepas de resolución. Con que me digas si es apaisado o vertical, más o menos de qué tamaño lo imaginas y si se va a imprimir, ya puedo trabajar. De hecho, lo de la impresión es lo más importante, porque un archivo pensado para pantalla no sirve para imprimir en grande y prepararlo bien desde el principio te ahorra rehacer cosas.
✦ Si no sabes qué tamaño quieres
Piensa en un objeto de tu casa que sea parecido: un folio, la portada de un libro, un cuadro del pasillo, una postal. Con esa comparación me basta perfectamente.

Los plazos: dímelos aunque te parezcan justos
Prefiero mil veces que me digas «lo necesito para el día 12» y que yo te diga que no llego, que enterarme a mitad del proceso. Si hay fecha, dímela en el primer mensaje. A veces se puede reorganizar y a veces no, pero siempre te lo diré con claridad.
Como referencia general, un encargo pequeño suele necesitar entre una y dos semanas desde que aprobamos el boceto, y algo más grande o con varias personas puede irse a tres o cuatro. A eso hay que sumarle los días de la conversación inicial y los bocetos.

Las referencias ayudan muchísimo
Mándame lo que te guste, aunque no sea mío y aunque no sepas explicar por qué te gusta. Sirve todo: ilustraciones que has visto por ahí, paletas de colores, una foto de una pared, la portada de un disco. Lo que busco en las referencias no es qué copiar, sino entender tu gusto.
Y funciona igual de bien al revés: si hay algo que no quieres de ninguna manera, dímelo. Un «no me gustan los fondos oscuros» ahorra una ronda de cambios entera.
Hablemos de dinero sin rodeos
El precio de una ilustración depende sobre todo de tres cosas: cuánto tiempo lleva, cuántos elementos tiene y para qué se va a usar. Ese último punto es el que más sorprende a la gente y es normal, porque no es intuitivo: un dibujo para tu casa y el mismo dibujo para la etiqueta de un producto que se va a vender no valen lo mismo, porque el uso comercial es distinto.
Si tienes un presupuesto máximo, dímelo desde el principio. No me molesta en absoluto, al contrario: me permite proponerte algo realista dentro de esa cifra, ajustando el tamaño, el nivel de detalle o el número de elementos. Lo incómodo es descubrirlo al final.
Decirme tu presupuesto no te encarece el encargo: me permite ajustarlo para que quepa.
Laus Morgenstern
Los derechos de uso, en dos líneas
Cuando encargas una ilustración, lo que recibes es el derecho a usarla para lo que hemos acordado. La autoría sigue siendo mía, igual que pasa con una fotografía o con una canción. En la práctica esto significa que puedes disfrutarla, imprimirla y enseñarla sin problema, y que si en el futuro quieres darle un uso nuevo, por ejemplo pasar de un regalo personal a venderlo como producto, lo hablamos y lo ampliamos. Nada complicado, pero mejor dicho desde el principio.
Cómo funcionan las revisiones
El proceso está pensado para que los cambios lleguen cuando son baratos. Por eso dedico tanto tiempo a los bocetos iniciales: cambiar una postura cuando es un garabato a lápiz cuesta diez minutos, y cambiarla cuando ya está pintada significa empezar otra vez.
- En la fase de boceto: cambios de composición, encuadre y postura, sin problema.
- En la fase final: ajustes de color, luz, fondo y detalles pequeños.
- Lo que ya no entra: rehacer el concepto de cero, porque eso es un encargo nuevo.
Y ya está, de verdad
No hace falta que llegues con un briefing profesional ni con las ideas ordenadas. Con que me cuentes qué quieres, para qué es y cuándo lo necesitas, yo me encargo de hacerte las preguntas que falten. Las mejores ilustraciones que he hecho empezaron con un mensaje que decía «tengo una idea a medias, no sé si esto se puede hacer».
Cuéntame tu idea, aunque esté a medias
Rellena el formulario con lo que tengas y te respondo en dos o tres días laborables con una propuesta, un plazo y un precio. Siempre sin compromiso.
Si quieres la letra pequeña de los derechos de uso, está en el texto refundido de la Ley de Propiedad Intelectual. Y si prefieres ver algún encargo terminado antes de pedir el tuyo, los enseño en mi Instagram.