Cuando alguien me escribe para pedirme un retrato, casi siempre llega la misma pregunta detrás: «¿y ahora qué pasa?». Así que he decidido abrir la puerta del estudio y contarte, paso a paso, cómo nace un retrato desde que leo tu mensaje hasta que te envío el archivo final.

1. Antes del lápiz, la conversación
Suena poco artístico, pero la parte que más determina el resultado no se dibuja: se habla. Antes de tocar el papel necesito entender para quién es el retrato y qué quieres que sienta la persona que lo reciba. Un regalo de cumpleaños no se dibuja igual que un recuerdo de una mascota que ya no está.
En esta fase te suelo preguntar tres cosas muy concretas: dónde va a vivir el dibujo, si se va a imprimir y qué te gustaría que no faltara. Ese último punto es oro. A veces es una camiseta concreta, una cicatriz, la manera en la que un perro tuerce una oreja.

2. Los bocetos: fea es la palabra correcta
Los primeros bocetos son feos y tienen que serlo. Son manchas rápidas a lápiz donde solo decido tres cosas: la postura, el encuadre y por dónde entra la luz. Nada de detalles todavía. Si me pongo a dibujar pestañas en esta fase, me enamoro de un boceto que quizá no funciona.
Normalmente preparo dos o tres propuestas distintas y te las mando juntas. No para que elijas «la más bonita», sino para que veas que hay varias maneras de contar lo mismo. Casi siempre eliges una y le robas algo a otra, y eso está perfecto.
✦ Sobre las fotos que me envías
Mejor cinco fotos normales con buena luz que una sola muy retocada. Necesito ver la cara sin filtros, algún gesto natural y, si es una mascota, alguna foto a su altura y no desde arriba. Las fotos hechas contra una ventana de día son mis favoritas.

3. El dibujo: donde se decide todo
Con el boceto aprobado empieza el trabajo largo. Construyo el dibujo por capas, de lo general a lo pequeño, y aquí es donde aparece el parecido. Y ojo, el parecido no está en copiar cada rasgo con precisión de fotocopiadora: está en las proporciones y en el gesto. Un retrato puede tener la nariz «mal» y parecerse muchísimo, y puede tenerla exacta y no parecerse nada.
Trabajo con la foto al lado, pero llega un momento en el que la aparto a propósito. Si mirase la referencia hasta el último minuto acabaría dibujando una foto, no una persona.
4. El color, con paleta corta
Me impongo una regla casi siempre: pocos colores. Elijo tres o cuatro y los mezclo entre ellos. Suena limitante y es justo lo contrario, porque una paleta corta hace que todo el dibujo pertenezca al mismo mundo. Cuando veo una ilustración que chirría, nueve de cada diez veces el problema es que tiene demasiados colores peleándose.
La luz la decido antes de empezar a pintar, no durante. Elijo de dónde viene y me comprometo con ella hasta el final.
El parecido no está en copiar cada rasgo, está en el gesto. Por eso aparto la foto antes de terminar.
Laus Morgenstern

5. La ronda de cambios
Cuando el retrato está terminado te lo envío con una marca de agua y abrimos una ronda de ajustes. Aquí caben cosas como aclarar un fondo, calentar un tono de piel o corregir un detalle que solo tú puedes ver, porque tú conoces a esa persona y yo no.
Lo que ya no cabe en esta fase es cambiar la composición o la postura, porque eso significa volver al paso dos. De ahí que dedique tanto tiempo a los bocetos: son la parte barata de equivocarse.
6. La entrega
Te envío el archivo final preparado para lo que vayas a hacer con él:
- un archivo en alta resolución listo para imprimir, con margen de sangrado si hace falta
- una versión ligera para redes o para mandar por móvil
- y, si el retrato va a impresión, un aviso de qué papel le sienta mejor
Si el encargo era un regalo, suelo mandar también una versión pensada para que la puedas enseñar en el móvil sin que pierda calidad. Los regalos se enseñan mucho antes de colgarse.
¿Cuánto tarda todo esto?
Depende del tamaño y de cuántas personas aparezcan, pero para que tengas una referencia realista: un retrato de una persona o una mascota suele llevarme entre una y dos semanas desde que aprobamos el boceto. Si tienes una fecha límite, dímela en el primer mensaje y te digo con sinceridad si llego.
¿Tienes un retrato en la cabeza?
Cuéntame de quién es, para qué es y cuándo lo necesitas. Te respondo en dos o tres días laborables con una propuesta, un plazo y un precio, sin compromiso.
Voy publicando el proceso de cada retrato en mi Instagram: ahí se ve mejor el salto del boceto al color.